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Padece el combatiente de sus muertos.
Carecen las deshojas de su crédito.
Enarbola el bis de la bandera su deshonra.
Falla la orilla del sombrero
y mis pisadas, funeral a funeral
sobre la arena ya sin huellas,
se equivocan.
El día rompe su hombre nuevo
y lo jubila del huracán
lo jubila de su sombra y de su hembra.
Desaparecen los riñones en túmulos y coágulos.
Se entristece la bodega de su funcionario
y me atoro.
Nuevos náufragos desintegran su astrolabio
y ungen negros anteojos episcopales.
Se rompe la masa en migas.
El puñal se urge de sus cortes
y se malogra de sus huesos.
De la herida se ruge la agonía.
No soy yo mismo en la matanza.
No es secreto el catafalco.
Inútil es el golpe de Caín.
Caín es inútil tu galope.
Parten los barcos con sus peces y canarios.
Con ángeles caídos parten aviones funerarios.

Medio a medio del ofidio corazón
se derraman mis hermanas de matanza
al ver mis fémures quebrados en la estaca
allí donde colgaron fúnebres
las blancas sábanas lavadas de mi casa
sin saber en qué me equivoqué.
Definitivamente llueve
por encima de Dios.

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