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Sus harapos ondean en los sótanos
y siempre cada paso impune
es un espasmo inexorable de todas las virtudes
un gemido creciendo en la cal viva de los muertos
azul memoria rota de la melancólica manía
que lastima los ojos inmolados
presagio de furias incrustadas en el cráneo
y por eso
la hecatombe y destrucción a toda tinta
es más
desespera por saber todo lo que tiene
y no ver
si no palabras para esconder.
Lo quisieron decir en alguna parte:
tu campana en el mar sola
tu voz que desgrana los dolores
como pepas de granadas rojas las situaciones.

Quien se ríe de la tormenta
no puede agitar los brazos.
Lo más seguro es que nadie sepa de lo que están hablando.
Sólo está por destruir
las palabras que debería inventar
y eso es una maldición.

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